Dejar mi huella


Estaba en plena sobremesa después de una comida con las chicas, de esas en las que las ideas vuelan y las risas no cesan cuando me sonó un mensaje en el móvil. Me sorprendí al leer el nombre porque era una compañera de la que hacía tiempo no tenía noticias, trabajamos juntas durante un tiempo en uno de esos lugares mágicos por los que he pasado. Y de repente, tras cruzar algunas líneas me soltó aquella frase: “Dejaste huella”, mi cara se iluminó y se me dibujó una enorme sonrisa.

Reconozco que no es la primera vez que me dicen algo así, pero sí es la primera vez que me llega tan adentro. Tal vez las otras veces no había aprendido a recibir las palabras de cariño con el corazón abierto. El caso es que desde ese día, esa frase se ha paseado por mi cabeza hasta hacerme entender que era el tema de mi siguiente post.

La vida me ha enseñado que como decía Jorge Luis Borges “Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se lleven mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.”

Hay personas que se pasan el tiempo buscando el sentido de su vida, yo hace tiempo que descubrí que lo realmente importante para mí es poder marcar la diferencia en la vida de alguien, ser ejemplo e inspirar a quien quiere mejorar y ser feliz, no se me ocurre mejor legado.

Tengo la suerte de que mi profesión es mi pasión y me permite conocer la esencia de las personas. He aprendido a mirar más allá de los ojos, a escuchar más allá de las palabras y a sentir más allá del corazón. Y cuando te entregas sin juicios a otra persona lo que recibes de vuelta es inmensamente mayor.

Me gusta pensar que mi función es llenar de vida y alegría los espacios por los que paso. Me gusta sentir que las personas confían en mí y disfrutan de mi presencia. No se trata de agradar por agradar, no es mi intención caer bien ni hacerme popular, no es aquello de ser bueno.

Me gusta ser esa voz que oyen en sus cabezas durante el día, me gusta llegar a sus vidas y ponerlas patas arriba, me gusta zarandear con palabras y sacar las emociones. No se trata de imponer otro criterio, no es mi intención tener la razón ni que me la den, no es aquello de ser más que nadie.

Me gusta dejar a los demás mejor de lo que me los encuentro, me gusta volver a los sitios y sentirme querida, me gusta recibir mensajes como los del otro día y me gusta saber que se acuerdan de mí cuando ya no estoy.

Porque lo único que nos hace eternos es el recuerdo que dejamos en los demás y para que esos recuerdos se graben en cada persona que se cruza en mi camino  he decidido… dejar mi huella.

SDC16036

No vivas para que tu presencia se note sino para que tu ausencia se sienta.

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